miércoles, 1 de mayo de 2019

Anónimos Infinitos


De todos es sabido que el mundo del Trabajo Social es muy amplio, pero también es verdad que estamos metiéndonos, yo creo que estamos hasta el cuello, en la vorágine de burocracia en la que estás más tiempo registrando las historias que viviéndolas.

En esta amplitud del Trabajo Social, hay algo que para mí es mágico: EL TRABAJO SOCIAL DE GRUPOS. Y de esto os voy a hablar hoy, nada científico, ni nada nuevo, solo mi experiencia.

No voy a dar muchos datos por respeto al grupo pero me cambió la vida esas cinco semanas que estuve interviniendo en un espacio que yo ni mucho menos dominaba. 

Os pongo en situación, una ciudad grande, un barrio de esos que le llaman “barriada”, del que no sueles pasar por la noche, o caminar sola, no hay buenos comercios, ni es sitio de paso. Un lugar soterrado donde la miseria es la única compañía de aquellos que tienen los sueños a la espera en cualquier esquina sin llegar nunca a ella.

Y yo, que hasta hace poco estaba plácidamente sentada sobre el colchón de atender a esas familias normalizadas que les había tocado vivir el Alzheimer, me vi de pronto en un lugar desconocido y con un grupo amplio de personas que tenían la idea de que otra “asistenta social” le iba a contar como se vive una vida y se busca uno un trabajo desde la cima de la pirámide.

Porque llevan razón, estoy en un lugar de la montaña mucho más alto que ellos, y con esa perspectiva di mi primera charla. Conocedora yo de mi capacidad de motivar y de comunicar con las personas fue una autentica decepción ver esas caras de ¿Qué me estas contando? ¿Qué es un CV? ¿Qué es infojob? ¿Qué es tener un trabajo con el que te sientes realizada?

Nada, mi comunicación tan necesaria y útil en otros ámbitos, en este no funcionaba. Me sentí frustrada. Tenía ante mí un muro que me separaba, el grupo no lo controlaba y lo daba por perdido.
Pero como ya sabéis, soy una lectora voraz, yo vivo para leer y no sabría hacerlo de otra manera. Los libros me han salvado de mucho, me hacen soñar, viajar, conocer gente… así que pensé en llevar una de las poetas que más me gustan Amalia Bautista. Yo pensé que como ellos no me escuchaban al menos hacia algo que me gustaba más… y funcionó.

Por eso hoy os hablo del libro terapéutico, el que usé durante toda mi intervención en ese barrio de sueños por cumplir. Alguien cercano a mí me recomendó que lo leyese porque eran micro relatos. Cuando yo lo leí quedé muy sorprendida por las siguientes razones:

1. Se lee muy rápido y ágil.

2. Cuenta historias normales, de personas normales, que sufren o no.

3. Los sentimientos sobresalen con palabras simples, sencillas, de esas que todo utilizamos, pero que en el fondo tiene magia y te dejan ese regusto del pensamiento de más allá de lo que es evidente. 

Fue perfecto para mi grupo. Comencé leyendo relatos de forma aleatoria y ellos fueron metiéndose en las historias:

¿De quién habla la historia? ¿Qué paso después con la protagonista?... Estas eran sus preguntas. Les piqué con ello la curiosidad, nadie se preguntaba que hacíamos allí, ellos creían que no había un objetivo pero yo lo tenía claro: mostrarle que la vida a veces es dura, otras mejora, afloran los sentimientos, se ríe y se llora. Que todos somos iguales. Pero que ante todo, y con las circunstancias que tenemos, debemos y tenemos la obligación de salir de nuestra zona de confort, de nuestra vida.

Evolucionaron tanto que yo ansiaba cada lunes volver a ver las caras de pasión de cada persona. Empecé con lo más fácil y poco a poco me fui metiendo en vereda, se realizó hasta un listado con sus textos favoritos. Comenzamos hablando de otros, de los protagonistas del libro para terminar hablando de nosotros mismos. Si, yo me uní a ellos, siendo consciente de que yo era la que llevaba el peso que ellos me vieran como a una igual hizo que me bajaran de la cima, y entonces si, entonces me escucharon de hacer CV, de buscar trabajo, de empoderarse, de creerse capaces, de ser protagonistas de su propia historia. 

Tuve que dejar este trabajo porque como ya muchos sabéis el hecho de que me llamaran en el Ayto de Alcalá fue increíble y lo estoy disfrutando muchísimo. 

Me despedí del grupo. Me costó, y a ellos le prometí que aunque no fueran los protagonistas de un libro yo los iba a nombrar aquí. Evidentemente escribiendo no le llego a la altura de los zapatos a la autora del libro, pero aquí va mi reseña y mi historia.

El libro es Anónimos Infinitos de la periodista Marina Bernal, como os he adelantado son una serie de relatos cortos basado en historias reales que la autora ha ido colgando en sus redes sociales hasta que los ha recopilado… No voy a insistir más por debéis comprar el libro ya, para uso terapéutico o personal, pero merece mucho la pena. 

Usar un libro en intervenciones de trabajo social de grupo, según me comentaron después, nadie lo había hecho. Puede que se crea que no van a entender determinados textos pero hay un libro para cada persona. 

Este libro es terapéutico, a ellos le hicieron soñar con otra vida mejor, con un rayo de luz, con un espejo donde mirar y verse reflejado. A mí el grupo y el libro me enseñaron a ser mucho más agradecida con la vida. Ser consciente de que tenemos todo aquello que muchos ansían. 

Tanto sacrificio y tantas ganas de vivir no podía caer en el olvido. Mi homenaje a ellos y a Marina, a la que tuve la oportunidad de agradecer y recibir su gratitud en forma de palabras.

La vida sigue…

Dedicados a mis particulares anónimos infinitos y agradeciendo enormemente su implicación en este proyecto. 

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