domingo, 14 de julio de 2019

In Love


El próximo 1 de agosto hará seis meses que estoy trabajando en los Servicios Sociales. Ya sabéis que he pasado por tres Ayuntamientos pero que el último, Alcalá de Guadaíra, es donde sigo y con contrato de larga duración.  

De todas formas yo sigo estudiando al pie del cañón, aunque solo me presentó a las plazas fijas y que estén cerca de casa, o al menos, que pueda ir y venir. (Málaga era preciosa, pero como en casa en ninguna parte).

El caso es que también sabéis que en mi vida hay alguien que nada tiene que ver con el mundo del trabajo social y que yo estoy “in love” con ella (y ella conmigo) y que aprendemos de nuestro trabajo mutuamente, pero claro, yo de esto me acabo de enterar como quien dice.

Cuando yo trabajaba en Centro Atrade teníamos ambas las mismas circunstancias, UN NEGOCIO, por eso en nuestro tiempo libre preferíamos hablar o de otras cosas en vez del trabajo, pero como mi suerte cambió nos hemos reencontrado también en lo laboral.

Esta persona como he dicho tiene un negocio y hasta que me conoció no sabía del todo bien lo que era el trabajo social. Yo se lo he ido explicando poco a poco.

A mí me gusta estar en su oficina, a veces me he sentado en su despacho y hemos fingido que yo llevaba su trabajo, entonces un día le dije: “Si yo te llevase tu negocio te lo cerrarían en tres días” a lo que ella contestó: “que va, mi negocio se aprende, tu profesión sí que es difícil”.

WOW! WOW! WOW!

¡Qué bonita sensación que alguien admire tanto tu trabajo y lo diga con esa naturalidad! (y sonrisa (“in love total”))

Me sorprendió, por eso seguí preguntándole ya con unas copas de vino por delante, como era eso de que mi trabajo era difícil.

Y me enumeró lo siguiente: (lo que ella me dijo lo pongo entre comillado)

1. “Trabajas con gente muy pobre y para trabajar con gente así hay que tener una sensibilidad especial de ver los problemas desde otra óptica. Además la pobreza asusta y no gusta.”

En este punto le conté que con la ropa que ambas llevábamos ese día se pagaban ayudas económicas a una familia con cuatro hijos para pasar un mes.

2. “También se necesita ser de otra pasta para hablar frente a frente con una mujer que haya recibido malos tratos, o peor aún, con un hombre que haya maltratado a su mujer”.

Le dije que este era uno de los temas que más me gusta tratar en mi trabajo. La violencia de género no solo implica la separación del maltratador, sino que cuando esto ocurre la mujer suele no tener recursos ni estrategias, ni ve las salidas, ni tiene autoestima y todo es cuesta arriba.
 
3. “Proteges a los niños de algo incompresible: de que sus padres le hagan daño”. 

El mito de las “quitaniños” que a mí tampoco me molesta tanto. Le explique qué pasa con la situación de riesgo y con la de desamparo y las competencias entre servicios sociales comunitarios y especializados, según ella me dijo: “todo un mundo por descubrir”.

4. Me preguntó: ¿Has tenido a alguien normalizado que lo haya tenido todo y te aparezca pidiendo ayuda?

Sí, cada vez más y supongo que a efectos de la crisis. Estas personas tienen una situación difícil y en muchos casos cargan con la vergüenza de pedir ayuda por no normalizar el acudir a servicios sociales y por el estigma que ellos tienen. 

Evité contarle que a veces estas personas habían tenido negocios hasta entramparse… 

Y aquí siguió algunas preguntas:

-“¿Qué lleva a una familia a pelear hasta tener que necesitar un mediador?” A lo que le dije que suponía que había muchos factores, en la mayoría de ellas el no existir estrategias para solventarlo por sí misma.

-“¿Cómo eres capaz de saber que estas personas tienen sus problemas y te vas del trabajo tan tranquila?” Aquí respondí que esto era un tema muy largo, pero que es indudable por la salud mental propia, que para cualquier profesión que trabaje con problemas de la gente, debe separar lo personal de lo profesional pero que a veces cuesta y siempre hay casos que te llegan un poco más.

Le dije también que creía que llegaba a un punto de insensibilización o más bien, que te acostumbras, es tu trabajo, lo haces y ya.

-“¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo? ¿Y lo que menos?” Lo que más es el trabajo en sí y lo he redescubierto desde que estoy en Servicios Sociales, lo que menos, que creo que la profesión está muy idealizada desde dentro y te topas con gente que… no cualquiera es un gran profesional a lo que ella me dijo:

“Habrá como en todo, gente que hace bien su trabajo y gente que no, la cosa es que la gente que no hace bien su trabajo cuando tiene entre manos algo tan delicado es un peligro para la sociedad”.

Creo que es una de las mejores frases sobre el trabajo social que haya escuchado en mucho tiempo. (Otra vez “in love”)

Así que entre copas y risas fue sintiéndome que tengo una “profesión extraordinaria, fuera de lo común que al fin y al cabo intentaba que la gente fuera un poco más feliz”. Me pareció una definición preciosa del Trabajo Social.

Fue entonces cuando le pregunté yo por su trabajo, a lo que ella con el rostro un poco más serio me dijo: “el mío te parecerá muy frívolo”. Sonreí y le dije que no, el suyo también procuraba hacer que la gente fuera más feliz y se viera mejor, que no hay profesiones mejores unas que otras. Solo hay que amar lo que uno hace… (“in love” ahora ella conmigo)

Y ya no os puedo contar más, pero la noche acabó muy, pero que muy bien. 






 La foto del recuerdo!

miércoles, 1 de mayo de 2019

Anónimos Infinitos


De todos es sabido que el mundo del Trabajo Social es muy amplio, pero también es verdad que estamos metiéndonos, yo creo que estamos hasta el cuello, en la vorágine de burocracia en la que estás más tiempo registrando las historias que viviéndolas.

En esta amplitud del Trabajo Social, hay algo que para mí es mágico: EL TRABAJO SOCIAL DE GRUPOS. Y de esto os voy a hablar hoy, nada científico, ni nada nuevo, solo mi experiencia.

No voy a dar muchos datos por respeto al grupo pero me cambió la vida esas cinco semanas que estuve interviniendo en un espacio que yo ni mucho menos dominaba. 

Os pongo en situación, una ciudad grande, un barrio de esos que le llaman “barriada”, del que no sueles pasar por la noche, o caminar sola, no hay buenos comercios, ni es sitio de paso. Un lugar soterrado donde la miseria es la única compañía de aquellos que tienen los sueños a la espera en cualquier esquina sin llegar nunca a ella.

Y yo, que hasta hace poco estaba plácidamente sentada sobre el colchón de atender a esas familias normalizadas que les había tocado vivir el Alzheimer, me vi de pronto en un lugar desconocido y con un grupo amplio de personas que tenían la idea de que otra “asistenta social” le iba a contar como se vive una vida y se busca uno un trabajo desde la cima de la pirámide.

Porque llevan razón, estoy en un lugar de la montaña mucho más alto que ellos, y con esa perspectiva di mi primera charla. Conocedora yo de mi capacidad de motivar y de comunicar con las personas fue una autentica decepción ver esas caras de ¿Qué me estas contando? ¿Qué es un CV? ¿Qué es infojob? ¿Qué es tener un trabajo con el que te sientes realizada?

Nada, mi comunicación tan necesaria y útil en otros ámbitos, en este no funcionaba. Me sentí frustrada. Tenía ante mí un muro que me separaba, el grupo no lo controlaba y lo daba por perdido.
Pero como ya sabéis, soy una lectora voraz, yo vivo para leer y no sabría hacerlo de otra manera. Los libros me han salvado de mucho, me hacen soñar, viajar, conocer gente… así que pensé en llevar una de las poetas que más me gustan Amalia Bautista. Yo pensé que como ellos no me escuchaban al menos hacia algo que me gustaba más… y funcionó.

Por eso hoy os hablo del libro terapéutico, el que usé durante toda mi intervención en ese barrio de sueños por cumplir. Alguien cercano a mí me recomendó que lo leyese porque eran micro relatos. Cuando yo lo leí quedé muy sorprendida por las siguientes razones:

1. Se lee muy rápido y ágil.

2. Cuenta historias normales, de personas normales, que sufren o no.

3. Los sentimientos sobresalen con palabras simples, sencillas, de esas que todo utilizamos, pero que en el fondo tiene magia y te dejan ese regusto del pensamiento de más allá de lo que es evidente. 

Fue perfecto para mi grupo. Comencé leyendo relatos de forma aleatoria y ellos fueron metiéndose en las historias:

¿De quién habla la historia? ¿Qué paso después con la protagonista?... Estas eran sus preguntas. Les piqué con ello la curiosidad, nadie se preguntaba que hacíamos allí, ellos creían que no había un objetivo pero yo lo tenía claro: mostrarle que la vida a veces es dura, otras mejora, afloran los sentimientos, se ríe y se llora. Que todos somos iguales. Pero que ante todo, y con las circunstancias que tenemos, debemos y tenemos la obligación de salir de nuestra zona de confort, de nuestra vida.

Evolucionaron tanto que yo ansiaba cada lunes volver a ver las caras de pasión de cada persona. Empecé con lo más fácil y poco a poco me fui metiendo en vereda, se realizó hasta un listado con sus textos favoritos. Comenzamos hablando de otros, de los protagonistas del libro para terminar hablando de nosotros mismos. Si, yo me uní a ellos, siendo consciente de que yo era la que llevaba el peso que ellos me vieran como a una igual hizo que me bajaran de la cima, y entonces si, entonces me escucharon de hacer CV, de buscar trabajo, de empoderarse, de creerse capaces, de ser protagonistas de su propia historia. 

Tuve que dejar este trabajo porque como ya muchos sabéis el hecho de que me llamaran en el Ayto de Alcalá fue increíble y lo estoy disfrutando muchísimo. 

Me despedí del grupo. Me costó, y a ellos le prometí que aunque no fueran los protagonistas de un libro yo los iba a nombrar aquí. Evidentemente escribiendo no le llego a la altura de los zapatos a la autora del libro, pero aquí va mi reseña y mi historia.

El libro es Anónimos Infinitos de la periodista Marina Bernal, como os he adelantado son una serie de relatos cortos basado en historias reales que la autora ha ido colgando en sus redes sociales hasta que los ha recopilado… No voy a insistir más por debéis comprar el libro ya, para uso terapéutico o personal, pero merece mucho la pena. 

Usar un libro en intervenciones de trabajo social de grupo, según me comentaron después, nadie lo había hecho. Puede que se crea que no van a entender determinados textos pero hay un libro para cada persona. 

Este libro es terapéutico, a ellos le hicieron soñar con otra vida mejor, con un rayo de luz, con un espejo donde mirar y verse reflejado. A mí el grupo y el libro me enseñaron a ser mucho más agradecida con la vida. Ser consciente de que tenemos todo aquello que muchos ansían. 

Tanto sacrificio y tantas ganas de vivir no podía caer en el olvido. Mi homenaje a ellos y a Marina, a la que tuve la oportunidad de agradecer y recibir su gratitud en forma de palabras.

La vida sigue…

Dedicados a mis particulares anónimos infinitos y agradeciendo enormemente su implicación en este proyecto. 

domingo, 10 de marzo de 2019

No te supe perder


Como ya muchos sabéis esta semana ha sido la primera en el Ayuntamiento de Málaga, y como también sabréis estuve un tiempo breve en otro Ayuntamiento.

En mi escasa experiencia en Comunitarios el viernes me vine pensando que todo los y las trabajadoras sociales deberían pasar un tiempo por Servicios Sociales.

¿Por qué? Pues porque eres capaz de trabajar con mucha gente, con problemas distintos y con resultados distintos y esto, bajo mi experiencia, es trabajo social del bueno. Con esto no quiere decir que los demás no hagan trabajo social, pero lo que pasa en el privado y a mí me ha pasado, es que trabajas a menudo con un solo colectivo, cuando en los Comunitarios puedes ver de todo… en fin una apreciación más que valoraré en otra entrada.

El caso es que en los Comunitarios de un municipio de Sevilla estuve los primeros días revisando expedientes para ver que todo estuviese digitalizado (un aviso, los primeros días en Servicios Sociales son un poco pesado porque no tienes claves y por tanto no puedes trabajar), total… que viendo esa documentación me encontré con un caso de violencia de género.

Se trataba de una mujer que solicitaba ayuda económica que se veía incrementada por ser víctima de violencia de genero acreditada.

Aportaba a la documentación, la denuncia, la orden de alejamiento y la de protección. Sus ingresos mensuales eran de 400 euros. Para completar la jugada, dos menores…

Leí detenidamente la denuncia. Espeluznante. Eran unos treinta y cinco folios, que yo leí despacio e imaginándome la situación como si de una novela se tratase.

Después pensé hay que tener una sensibilidad especial, algo distinto para trabajar en este contexto.
Y sí, sin querer parecer frívola, he dicho que leí la documentación como si fuese una novela aun sabiendo que esa situación había pasado en ese pueblecito pequeño y a pocos metros de donde me encontraba yo.

El caso es que no supe más de la situación final de la mujer. Me vine para trabajar en Málaga y ahí quedó, pero he de reconocer que era el primer caso alejado de Alzheimer que trataba en los ocho años que llevo de experiencia profesional en Trabajo Social… 

Por eso hoy mi post va dedicado a la violencia de género que nos mata, nos ningunea, nos hace sentirnos pequeñas y destroza familias entera, siempre los menores, los más vulnerables. 

Así que aquí empieza la reseña de mi libro favorito (tengo muchos que otro día os diré) “No te supe perder” de Salvador Navarro. 

El autor es sevillano, y ambos tenemos una cosa en común, reivindicamos esa Sevilla cultureta que también existe alejada de todos esos clichés de Semana Santa, toros, feria… 

El libro se publicó hace unos 10 años, conmigo tiene una historia muy personal que ahora me estoy atreviendo a contar un poco. Por resumir diré que no me concentraba en nada, abrí el libro que lo encontré por casualidad de una de las bibliotecas públicas de mi ciudad y al abrirlo pensé en dejarlo. 

El nombre de una de las protagonistas no ayudaba en nada, pero, algo ya me había atrapado. Y seguí, y al terminar lloré por todas aquellas personas que vivían atrapada en una vida rodeada de violencia.
La novela, que transcurre en Sevilla, es coral y mezcla las historias con ese denominador común que es la violencia de género, pero lo llamativo es que lo hace desde la visión del propio maltratador que aun odiando la violencia la ejerce de manera indiscriminada.

Os preguntareis por qué estoy recomendando un libro que leí hace diez años, pues es porque ahora han sacado la película que lleva el mismo título que la novela y que pude disfrutar de la premiere.
Fue un cumulo de sensaciones muy emocionantes para mí. Era consciente de que estaba cerrando una etapa para abrir otra y el libro, así como la película seguía estando ahí. Me ayudó hace diez años, ahora también lo está haciendo. 

Lo he releído, lo ha leído quien más me importa y me he vuelto a emocionar. Es increíble el poder de las palabras y como una historia inventada es capaz de llevarnos a curar determinados sentimientos que están ahí agazapados, esperando encontrar una respuesta o quizás una explicación a lo inexplicable. 

Jamás llegué a imaginar que llegaría a trabajar y que trabajaré con casos como estos. Pero ya saben que la vida, cambia en un segundo y además es cíclica.

Yo también no supe perder a alguien. Y la vida se atragantó, y aunque no tenía que ver nada con la violencia de género si lo tenía con sentirse hundida y abatida, con ausencias y con una imagen de mujer feliz que me ha acompañado siempre sin que nadie se diera cuenta que estaba yo viviendo en otro mundo…

Antes de terminar, recomiendo el libro, la película y el resto de la obra de Salvador Navarro, que le podrían convalidar alguna asignatura de trabajo social porque tiene novelas en la que podrías intervenir con todos y cada uno de sus personajes…


In Love

El próximo 1 de agosto hará seis meses que estoy trabajando en los Servicios Sociales. Ya sabéis que he pasado por tres Ayuntamientos pe...