domingo, 10 de marzo de 2019

No te supe perder


Como ya muchos sabéis esta semana ha sido la primera en el Ayuntamiento de Málaga, y como también sabréis estuve un tiempo breve en otro Ayuntamiento.

En mi escasa experiencia en Comunitarios el viernes me vine pensando que todo los y las trabajadoras sociales deberían pasar un tiempo por Servicios Sociales.

¿Por qué? Pues porque eres capaz de trabajar con mucha gente, con problemas distintos y con resultados distintos y esto, bajo mi experiencia, es trabajo social del bueno. Con esto no quiere decir que los demás no hagan trabajo social, pero lo que pasa en el privado y a mí me ha pasado, es que trabajas a menudo con un solo colectivo, cuando en los Comunitarios puedes ver de todo… en fin una apreciación más que valoraré en otra entrada.

El caso es que en los Comunitarios de un municipio de Sevilla estuve los primeros días revisando expedientes para ver que todo estuviese digitalizado (un aviso, los primeros días en Servicios Sociales son un poco pesado porque no tienes claves y por tanto no puedes trabajar), total… que viendo esa documentación me encontré con un caso de violencia de género.

Se trataba de una mujer que solicitaba ayuda económica que se veía incrementada por ser víctima de violencia de genero acreditada.

Aportaba a la documentación, la denuncia, la orden de alejamiento y la de protección. Sus ingresos mensuales eran de 400 euros. Para completar la jugada, dos menores…

Leí detenidamente la denuncia. Espeluznante. Eran unos treinta y cinco folios, que yo leí despacio e imaginándome la situación como si de una novela se tratase.

Después pensé hay que tener una sensibilidad especial, algo distinto para trabajar en este contexto.
Y sí, sin querer parecer frívola, he dicho que leí la documentación como si fuese una novela aun sabiendo que esa situación había pasado en ese pueblecito pequeño y a pocos metros de donde me encontraba yo.

El caso es que no supe más de la situación final de la mujer. Me vine para trabajar en Málaga y ahí quedó, pero he de reconocer que era el primer caso alejado de Alzheimer que trataba en los ocho años que llevo de experiencia profesional en Trabajo Social… 

Por eso hoy mi post va dedicado a la violencia de género que nos mata, nos ningunea, nos hace sentirnos pequeñas y destroza familias entera, siempre los menores, los más vulnerables. 

Así que aquí empieza la reseña de mi libro favorito (tengo muchos que otro día os diré) “No te supe perder” de Salvador Navarro. 

El autor es sevillano, y ambos tenemos una cosa en común, reivindicamos esa Sevilla cultureta que también existe alejada de todos esos clichés de Semana Santa, toros, feria… 

El libro se publicó hace unos 10 años, conmigo tiene una historia muy personal que ahora me estoy atreviendo a contar un poco. Por resumir diré que no me concentraba en nada, abrí el libro que lo encontré por casualidad de una de las bibliotecas públicas de mi ciudad y al abrirlo pensé en dejarlo. 

El nombre de una de las protagonistas no ayudaba en nada, pero, algo ya me había atrapado. Y seguí, y al terminar lloré por todas aquellas personas que vivían atrapada en una vida rodeada de violencia.
La novela, que transcurre en Sevilla, es coral y mezcla las historias con ese denominador común que es la violencia de género, pero lo llamativo es que lo hace desde la visión del propio maltratador que aun odiando la violencia la ejerce de manera indiscriminada.

Os preguntareis por qué estoy recomendando un libro que leí hace diez años, pues es porque ahora han sacado la película que lleva el mismo título que la novela y que pude disfrutar de la premiere.
Fue un cumulo de sensaciones muy emocionantes para mí. Era consciente de que estaba cerrando una etapa para abrir otra y el libro, así como la película seguía estando ahí. Me ayudó hace diez años, ahora también lo está haciendo. 

Lo he releído, lo ha leído quien más me importa y me he vuelto a emocionar. Es increíble el poder de las palabras y como una historia inventada es capaz de llevarnos a curar determinados sentimientos que están ahí agazapados, esperando encontrar una respuesta o quizás una explicación a lo inexplicable. 

Jamás llegué a imaginar que llegaría a trabajar y que trabajaré con casos como estos. Pero ya saben que la vida, cambia en un segundo y además es cíclica.

Yo también no supe perder a alguien. Y la vida se atragantó, y aunque no tenía que ver nada con la violencia de género si lo tenía con sentirse hundida y abatida, con ausencias y con una imagen de mujer feliz que me ha acompañado siempre sin que nadie se diera cuenta que estaba yo viviendo en otro mundo…

Antes de terminar, recomiendo el libro, la película y el resto de la obra de Salvador Navarro, que le podrían convalidar alguna asignatura de trabajo social porque tiene novelas en la que podrías intervenir con todos y cada uno de sus personajes…


miércoles, 20 de febrero de 2019

Cambios

He vivido más en estos tres últimos meses que en unos pocos años... He cambiado de vida en el último mes de forma desenfrenada.

Pero hoy tengo un hueco, unas ganas y una ilusión. Como siempre voy a dejar que las palabras fluyan sin más...

Tenía desde hace un tiempo el presentimiento de que todo iba a cambiar. Cada vez aprobaba más convocatorias de exámenes de la administración local y me situaba cada vez más cerca. 

En diciembre ya rechacé una. Era para la Diputación de Jaén y me pillaba muy lejos. Me costó rechazar pero es que era imposible venir a Sevilla todos los fines de semana a dar clase. Ya saben, la carretera pesa y mucho.

Pero a finales de enero una llamada cambia toda mi cotidianidad. 

Ayuntamiento de Aznalcázar, interinidad de cuatro meses para activación de la Renta Mínima de Inserción. 

ACEPTÉ. Además sin dudarlo. 

Pero lo mejor de todo es que en dos semanas recibo otra llamada.

Ayuntamiento de Málaga, interinidad, refuerzo de los Servicios Sociales Comunitarios. 

ACEPTÉ. Además sin dudarlo.

Y así es como uno piensa que la vida cambia en cuestión de segundos y que además empieza hoy mismo.

Como comprenderéis estoy hasta arriba preparando y organizando todo. 

Pero, ¿Qué ha pasado con Centro Atrade? No ha pasado nada, el Centro sigue su funcionamiento ya sin mí. 

Como quiero que esta publicación sea al menos algo útil, quiero enumerar las cosas que he aprendido en mí caminar como emprendedora:

1. La paciencia es la virtud mayor del emprendedor/a. Si montas un negocio para que rápidamente llegue el dinero estás más que equivocado. Los negocios dan sus frutos pasados unos años. Sí, he dicho años. 

2. Debes controlar las emociones. Si no eres paciente, si te agobia que no vaya a salir bien, o no confías, si no te llevas bien con tu socio o crees que tú haces más cosas o con mayor responsabilidad debes de controlar bien todas esas emociones y pensamientos.

3. Redes Sociales, tu gran apoyo. Si no eres muy habilidoso en redes sociales contrata a alguien que lo sea. Será el dinero mejor invertido del mundo. 

4. No pienses mucho las cosas. Si te lías la cabeza pensando si saldrá o no bien es muy probable que te entre miedo y no lo haga.  Como en el musical de La Llamada: “Lo hacemos y ya vemos”.

5. No te involucres tanto en el negocio llegándote a olvidar de ocio, familia, amigos o pareja. Ponte un horario fijo de trabajo.

6. Conoce y habla a otros empresarios que no tengan nada que ver con tu negocio, así aprenderás mucho. 

7. Intenta ahorrar siempre. Márcate un sueldo, pero piensa que si vienen las vacas flacas debes tener liquidez. 

8. Celebra cada éxito que tengas, aprende de cada fracaso.

Aunque no fuera mi camino estoy muy orgullosa de todo lo que he creado en Centro Atrade y de cómo está hasta donde estuve. 

Me voy a despedir aquí no sin antes deciros y recordaros que siempre apoyaré a todo aquel que crea que su camino está en el emprendimiento.

Un abrazo!

No te supe perder

Como ya muchos sabéis esta semana ha sido la primera en el Ayuntamiento de Málaga, y como también sabréis estuve un tiempo breve en otro...