La profesión de trabajo social promueve el cambio social, la resolución de problemas en las relaciones humanas y el fortalecimiento y la liberación del pueblo para incrementar el bienestar.

Blog Personal de Rocío Cáceres Damas, Directora y Trabajadora Social de Centro Atrade.

domingo, 8 de junio de 2014

Los olvidados.

Hoy os voy a contar la historia de un hombre llamado "Hombre H", por eso de que todo el mundo pone ejemplos con la letra X. 

Hombre H tenia 59 años, una mujer que había sufrido cáncer de mama, y tres hijos. Dos vivían independientes, el más pequeño con ellos pues estaba estudiando los últimos años de una carrera universitaria. 

Hombre H tenia un buen trabajo, viajaba por toda Andalucía pero los fines de semana, podía descansar y estar en casa con su familia. Todo iba bien, su mujer se había recuperado, sus hijos tenían salud, su vivienda ya había sido pagada, sus hermanos y hermanas, ademas de los sobrinos tenían trabajo y salud.

Pero un buen día, mientras paseaba por el centro de Sevilla, Hombre H no sabe donde está, comienza a dar vueltas intentando recordar algo. No se sabe el tiempo que Hombre H pasa desorientado, finalmente consigue llegar a casa un poco más tarde de lo previsto.

Su cara refleja algo, que su mujer empieza a saber. En el trabajo está fallando con las cuentas, además a veces tarda mucho en volver, o eso al menos le dicen los compañeros. Hombre H es llevado al medico de atención primaria del Centro de Salud, donde le diagnostican una depresión. 

Pasa dos años. Hombre H empeora notablemente, está mucho más irascible, y muy olvidadizo, comienzan las peleas en casa con su hijo menor. Este al cabo de unos meses y ayudado por su novia, deja la casa. La mujer de Hombre H mientras tanto sabe que el diagnostico no es depresión.

Vuelve al médico de atención primaria, solicita que lo vea un neurólogo, su marido tiene muchas perdidas de memoria. Le dan cita para dentro de tres meses. Hombre H evidentemente, ya no puede trabajar. Se prejubila, con 61 años. Su mujer le lleva a un neurólogo particular, le diagnostican Alzheimer en fase moderada.

Comienza la lucha sino es que ha empezado hace ya algunas años, su mujer vuelve al medico, le adelantan la cita y se confirma a través del especialista que tiene un Alzheimer de tipo frontal, le dan medicación, y con este resultado llegan a los Servicios Sociales Comunitarios, le explica el caso a la compañera trabajadora social, esta le dice que es menor de 65 años, que la Ley de Dependencia está muy parada, aún así rellena la solicitud y ahí queda todo. 

Pasan dos años más, la mujer de Hombre H está sola, con el apoyo de los hijos, que además es muy eventual. La situación en casa es insostenible. Hombre H está muy violento, y su mujer un día que sale a por la compra se encuentra a una vieja amiga, esta le habla de la asociación, donde hasta el día de hoy trabajo.

Un día abro las puertas de la sede y ahí está Hombre H y su mujer. Llevamos a Hombre H a una sala con una auxiliar, ni siquiera puede estar en la sala de talleres cognitivos, siento a la mujer en mi despacho, después de unos minutos llorando me dice que somos su única salida. Si Hombre H no entra en la asociación dentro del Programa de Respiro Familiar, ella se tirara por la ventana habiéndolo tirado a él antes. 

¿Dónde están los Servicios Sociales? ¿Dónde la atención primera del Centro de Salud, su enfermera de enlace o la trabajadora social?

Hombre H entra en el Programa de Respiro Familiar de 9.00h a 14.00h. Su mujer entra en terapia psicológica y terapia familiar. Yo, como trabajadora social le hago un seguimiento, reúno a todos los miembros de la unidad familiar, se turnan las tareas de cuidado, se le aconseja la medicación a tomar... cuando al paso de los meses Hombre H necesita una Unidad de Estancia Diurna, le ofrecemos una que tiene gran descuento, porque a pesar de tener plazas por Ley de Dependencia, la Junta de Andalucía, lleva más de tres años sin dar respuesta a la demanda. 

Hombre H, se lleva un tiempo en la UED, es ingresado en una Residencia, tiene 64 años, una mujer, tres hijos, dos nietas, el apoyo de toda una asociación, el apoyo de seguimiento de la UED, y finalmente fallece acompañado de los suyos en la Residencia, pagada eso si, con el apoyo de las familias. (Sus familiares confesaron la amabilidad de la Residencia, al dejarle pasar, día y noche con Hombre H toda la semana que duró su lenta agonía)

Al llegar yo al tanatorio, su mujer me da el abrazo más grande que jamás alguien me haya podido dar, nunca nadie me ha agradecido tanto mi labor como ella.... Su hijo me dice, "gracias, por todo lo que has hecho por mi Papá, y lo que has hecho por mi Mamá y lo que me has ayudado a mí".

Aún tengo lágrimas en los ojos. 

Historias como estas son las que compensan mis duras condiciones laborales que no diré aquí por miedo. 

¿Dónde están los Servicios Sociales? ¿Dónde la atención primera del Centro de Salud, su enfermera de enlace o la trabajadora social?

Y ahora vendrá como siempre un listo/a, que dirá que las asociaciones no están preparadas para atender diversos casos. Por favor, miren realmente el trabajo que se realizan en las entidades sin animo de lucro. 

He dicho.

PD. Gracias Hombre H, gracias Mujer de Hombre H. Por todo cuanto me habéis dado. 


2 comentarios:

  1. Para los que tenemos sensibilidad social, el escuchar gente que ha recurrido a nuestro sistema público y tienen una mala experiencia es como un mazazo. La labor de las asociaciones es inmensa. Si esperamos a que los poderes públicos resuelvan todas las necesidades que van surgiendo ya podemos esperar sentados.
    Un besote :)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias por tu comentario Carolina. Hay que visibilizar más a las asociaciones e intentar que los servicios públicos funcionen mejor...

      Eliminar